La vida, en esencia, no puede sostenerse por sí misma, ya que depende de su fuente original. Un ejemplo claro es el agua: sin su consumo diario, es imposible vivir o sentirse en plenitud, ya que el cuerpo se resiente al privarlo de ella. Lo mismo ocurre con la alimentación. Pero tu existencia no se limita solo a tu cuerpo físico; eres un ser compuesto por cuerpo, alma y espíritu. El alma, que engloba tu conciencia y mente, es donde residen tus estados de ánimo, tus depresiones, ansiedades e impotencias ante las adversidades. Es el alma la que será juzgada al final de nuestro camino. Tu espíritu es el aliento de vida; esa parte de ti que, incluso sin una conciencia plena de la palabra de Dios, intuye lo correcto de lo incorrecto, estableciendo una conexión directa entre la vida física y espiritual.
Debes saber que existen entidades espirituales, como los demonios, que pueden influir en nuestras vidas cuando nos entregamos al pecado o nos alejamos de la voluntad de quien nos dio la vida. Es entonces, en las consecuencias de nuestras malas decisiones y estas influencias, cuando caemos en estados lamentables y de desesperanza. Pero es en el punto donde nuestras fuerzas terminan donde comienza la gloria y el poder de Dios. Si te identificas con este mensaje, es tiempo de buscar a Jesús con un arrepentimiento sincero y entregarle tu vida con todo tu ser. Ora de manera directa y honesta, como lo harías con un amigo verdadero, sin intermediarios. Dios no requiere rituales, amuletos, conexiones, imágenes, ni nada más. Si buscas al verdadero y poderoso Dios, hazlo tal como se indica claramente en Su palabra. Deja todas tus cargas en Él y verás cómo te brinda esa plenitud de vida que solo Él puede ofrecer a quienes creen en Él. ![]()
«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar». En esta invitación se encuentra la esencia de la verdadera paz y plenitud.












