La ansiedad grita, pero Dios no ha perdido el control
Vivimos tiempos en los que es muy, pero muy difícil no llenarse de ansiedad. Todo parece ir demasiado rápido. Abres el teléfono y, de inmediato, las malas noticias inundan tu mente. La preocupación por el futuro vuelve una y otra vez. Y sin darte cuenta, caes en la trampa de pensar que todo depende de ti.
Pero es ahí donde la Palabra del Señor pone orden en el corazón:
«Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.» — Mateo 6:34 (RVR1960)
Esto no es solo un consejo para calmarnos. Es una dirección para sostenernos. Jesús nos está diciendo: no cargues lo que no te corresponde cargar hoy.
Y reconozco que cuesta. Cuesta mantenerse firme cuando el ruido del mundo es tan fuerte. ¿No te pasa a ti también? ¿No sientes esa incertidumbre con todo lo que está pasando?
Aquí es donde necesitamos recordar lo que realmente importa: no son nuestros planes los que tienen la última palabra, sino los propósitos de Dios.
«Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo de Jehová permanecerá.» — Proverbios 19:21 (RVR1960)
El problema nunca ha sido que Dios dejó de gobernar. El problema es cuando dejamos que el ruido del mundo gobierne nuestra mente. Cuando miramos más las noticias que las promesas. Cuando escuchamos más al temor que a la fe.
Pero el Dios en quien hemos creído es soberano. No pierde el control ni abandona a los suyos. Y lo que nos toca a nosotros es volver a lo esencial: fijar el pensamiento en Él.
«Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.» — Isaías 26:3 (RVR1960)
¿Ves la promesa? Completa paz. No parcial, no a medias. Completa. Pero tiene una condición: que nuestro pensamiento persevere en Él. Eso significa elegir, cada día, en qué enfocamos el corazón.
Así que no enfoquemos la vida en todo lo que nos rodea. Enfoquémonos en Cristo. Porque estar plantados sobre la Roca es la única seguridad que sostiene, hoy y siempre.
Nuestra victoria está asegurada si en Cristo Jesús hemos confiado nuestra vida y la de quienes amamos.












