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Palabra de Dios

A lo Mejor… «Quizá Mañana»

Don Paradise Guanaco
·
13 de julio, 2025
·
3 min
En este artículo
El Eco de una Vida Rechazando el llamado de Jesus

¿Cuántas veces hemos respondido al llamado de Dios con un educado «quizá mañana»?

Los primeros días: cuando todo parecía bajo control

En un día típico, saturado de trabajo, estudios y proyectos personales, parecía perfectamente razonable postergar ese llamado. «No tengo tiempo», me decía. «Siempre habrá un mañana».

Pasaron los días. El llamado volvía, pero el cansancio de largas jornadas justificaba mi respuesta: «Quizá mañana».

Las semanas se convirtieron en meses

Varias semanas después, llegaron nuevas amistades, nuevas costumbres. El llamado persistía, pero ahora tenía compromisos sociales. Una bebida fría, buena música, risas con amigos… ¿qué tenía de malo relajarse después de trabajar tan duro?

«Quizá mañana», repetía, ya con cierta molestia.

Pasaron algunos meses. Los llamados se volvieron ruido de fondo. Ya no les prestaba atención, aburría escuchar siempre lo mismo. Mis problemas crecían: el hogar en caos, la economía en ruinas. Mi única obsesión era encontrar eso que me «liberaba» del estrés. Mi mente se aferraba a la ilusión de que podía resolverlo todo con mis propias fuerzas.

«Quizá mañana» se convirtió en un «déjame en paz«.

Los años: cuando el tiempo y pecado cobran su precio

No sé cuántos años han pasado. No sé en qué momento perdí el rumbo. El sentido de la vida se desvaneció como humo. El respeto hacia quienes me amaban desapareció. Lastimé profundamente a quienes decía amar y proteger con mi vida.

Lo perdí todo…

El insomnio se volvió mi compañero nocturno. La depresión y la ansiedad, mis carceleros mientras estoy despierto. Probé de todo para escapar. Ahora, enfermo y vacío, nada tenía sentido. Solo quedaban los recuerdos de lo que fueron tiempos mejores y ahora pasan torturándome, y una conciencia que antes silenciaba con facilidad ahora me consumía sin piedad.

Ya nadie me hacía el llamado. En mi soledad absoluta, solo quedaba un pensamiento oscuro: terminar con todo de una vez.

El momento de quiebre

Pero algo extraño sucedió. Tirado en el suelo, sin valor alguno, llorando amargamente, sentí ese llamado más fuerte que nunca.

«Dios, ¿por qué no valoré lo que tenía?», grité entre lágrimas. «Alguien tan vil como yo no merece tu atención. Perdóname por ignorar tu llamado durante todos estos años. Solo quiero que todo termine. Solo quiero ser feliz, pero sé que no lo merezco».

Fue entonces cuando comprendí con gran claridad cristalina: «quizá no habría un mañana».

El renacer

En ese momento de absoluta rendición, cuando ya no quedaban fuerzas en mí, conocí verdaderamente el amor de Dios. Ese día tomé la mejor decisión de toda mi vida.

Han pasado algunos años desde entonces. Sigo siendo imperfecto, un trabajo en constante progreso. Por eso cada día le pido: «Señor, ayúdame a hacer tu voluntad. Ayúdame a entender tu palabra. Elige tú por mí».

Él ha llenado mi corazón y ordenado mi vida. Se ha vuelto mi abogado, mi médico, mi consejero, mi Señor. Pero sobre todo, se ha vuelto mi gran amigo.

El llamado continúa para ti

Sé que estás ocupado. Sé que no tienes tiempo. Pero esta semilla ya está plantada en tu mente y corazón.

Ahora soy el «loco» que te hace el llamado.

«Quizá mañana» —cuando los días se vuelvan semanas, las semanas meses, y los meses años— necesites recordar este mensaje. Cuando llegue el día en que tus fuerzas se agoten, cuando ya no puedas más, recuerda: Jesucristo es quien ha estado llamando todo este tiempo.

Él puede darte lo que nada más puede: amor, gozo, paz, paciencia, gentileza, fe, bondad, humildad y dominio propio.

Date prisa.

Porque a la verdad… «quizá mañana sea demasiado tarde«.

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Don Paradise Guanaco

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