❤️El poder de nuestra lengua es inmenso, su influencia puede dar forma a naciones o desatar guerras devastadoras, unir o dividir matrimonios. Incluso dentro del hogar, nuestras palabras pueden sembrar rencor en el corazón de nuestros hijos, nuera, tíos, abuelos, todo debido a la imprudencia de nuestras palabras. A menudo, este mal uso de la lengua se extiende incluso hasta nuestras iglesias, lugares donde se supone que debemos buscar a Dios. En estos espacios, vemos a muchos que caen y preferirían decir: «si para ser como tú, mejor no ser nada», manchando el nombre de nuestro Señor Jesús. Recordemos que Jesús no predicó su mensaje de amor y vida en una iglesia o denominación específica. Dios, que ve y conoce todo, está atento a cada una de nuestras palabras. Si hemos conocido y experimentado Su amor, deberíamos usar nuestra lengua para edificar, no para destruir. Si anhelamos darle el mejor uso a nuestra lengua, entonces hablemos de Dios, llevemos Su palabra a cada rincón. No hay mejor manera de usar nuestra voz que para compartir Su amor, Su misericordia y Su salvación.❤️
Santiago 3:5-6 (RV1960) nos dice: «Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad.»












